"¿No saben ustedes que los malvados no tendrán parte en el reino de Dios? No se dejen engañar, pues en el reino de Dios no tendrán parte los que comenten inmoralidades sexuales, ni los idólatras, ni los que cometen adulterio, ni los hombres que tienen trato sexual con otros hombres, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los chismosos, ni los tramposos. Y esto eran antes algunos de ustedes; pero ahora ya han sido limpiados y consagrados a Dios, ya han sido librados de culpa en el nombre del Señor Jesucristo y por el Espíritu de nuestro Dios" 1 Corintios 6:9-11.

Este versículo ha sido de mucha inspiración para mí ya que, como Pablo indica, había homosexuales en la iglesia de Corinto que fueron limpiados, consagrados y justificados en el nombre de Jesús. Me gustaría compartir la increíble travesía de cómo Jesús y su iglesia me ayudaron a superar la homosexualidad.

Primeramente, me gustaría compartir un poco de mi trasfondo familiar. Mi madre creció en una familia con muchos problemas. Sus padres se divorciaron cuando ella era una niña. Para entumecer el dolor en su vida, mi madre recurrió al alcohol. Me acuerdo lo desconcertado que yo quedaba cuando encontraba botellas de vino escondidas en los rincones mi casa. Al principio no sabía de qué se trataba. Mi madre pasaba mucho tiempo en la cama, no aseaba la casa y discutía con mi padre constantemente. Yo llegué a creer que mi madre no me amaba, lo que causó un gran vacío en mi vida. Un vacío que anhelaba ser llenado. Esta falta de amor me hizo creer que yo no era digno de ser amado y, por lo tanto, que no tenía valor en absoluto.

No sólo llegué a creer que mi madre no me amaba, sino que tampoco mi padre me amaba. Cuando tenía 4 años, me acuerdo una gran discusión que tuvieron mis padres. Me acuerdo mi madre estaba tan disgustada que le tiró el vino que tenía en su vaso a mi papá en la cara. Como sólo era un niñito, llegué a ver esto como si mi padre quisiera herirme. Como resultado, empecé a erigir una pared entre mi padre y yo, la cual me impidió recibir el afecto y el amor de él.

Mi papá no sabía cómo conectarse significativamente conmigo. Creo que él no supo "conquistarme" para que yo saliera del lado de mi madre. Nunca fuimos a acampar juntos o a pescar. Jamás practicamos jugar a la pelota juntos. Así que había una distancia emocional entre nosotros. Sumado a esto, estaba el hecho de que mi padre tuviera otra mujer cuando estaba casado con mi madre. Esto destruyó mi confianza en él. Fue realmente devastador. Andy Comiskey dice que " el niño responde a la ruptura en la relación distanciándose defensivamente del padre. El niño reprime la necesidad legítima de amor del mismo sexo. [Entonces] erige una pared entre él y el padre y a su vez entre él y la fuente primaria de significado y forma para su identidad de género." (Aguas Vivas, página 77) No quiero juzgar ni criticar lo que mi padre hizo por mí. Hizo muchas cosas buenas por mí. Sin embargo, yo me distancié de él, lo que me impidió recibir cualquier cosa de él. Esto dejó un gran vacío de amor y afirmación del mismo sexo.

Otro de los factores que contribuyó a mi confusión sexual fue el hecho de haber sido abusado sexualmente por otros niños mayores que yo. Estuve expuesto a la pornografía y a la masturbación grupal desde los 6 años hasta los 12 de edad. Estos niños me prestaban atención y me eran amables conmigo, lo que hizo que esperara con ansia esos encuentros. Mi idea de amor y sexo estaba totalmente quebrantada y tergiversada. Yo estaba completamente confundido.

El tener sobrepeso también contribuyó a que me sintiera inadecuado con niño. Esto me causó que envidiara a otros niños. Andy Comiskey dice que "tenemos envidia de aquellos que poseen lo que a nosotros nos falta personalmente, ya sea en el plano físico o en lo emocional." (Aguas Vivas, página 110) Tenía mucha envidia de aquellos niños cuyos cuerpos eran delgados y musculosos. Así que desde muy chico, comencé a anhelar tener lo que yo no tenía. Recuerdo cuando pensaba acerca de los cuerpos de otros niños, lo que con el tiempo se tornó en una búsqueda erótica.

Unas de las cosas positivas que hicieron mis padres fue el enviarme a una escuela católica, donde aprendí a tener cierto temor de Dios. Recuerdo cuando tenía 6 años me desperté llorando porque había tenido un sueño en el que me sentía muy triste por la muerte de Jesús en la cruz. Es por eso que desde los 12 a los 14 años, busqué involucrarme en la Acción Católica. Yo estaba mal durante este tiempo. Recuerdo que un líder hizo una encuesta al grupo y luego me llamó aparte para hablar conmigo porque le había preocupado lo que yo había respondido. Pero nunca intervino activamente para ver cómo me podía ayudar. Con el tiempo, dejé ese grupo.

A los 14 años, empecé a salir con otros 3 adolescentes. Pasábamos tiempo juntos, íbamos a fiestas y nos emborrachábamos. Yo solía frecuentar la casa de uno de uno de ellos cuya madre era una mujer muy amable y que era testigo de Jehová. Yo le caía muy bien y, cuando iba a su casa, ella me preparaba de cenar y me hacía el té. A esta altura de mi vida, el alcoholismo de mi madre estaba muy avanzado. Yo estaba muy enojado con ella. A ella no le caía bien mis amigos, lo que empeoró nuestra relación. Así que cuando esta mujer apareció en mi vida, yo abracé todo lo que ella tenía para mí. Necesitaba tanto del amor materno. Cuando ella compartió su religión conmigo, yo la abracé con todo mi corazón. La religión de los Testigos de Jehová proveyó esa clase de estructura que yo tanto necesitaba dado que me estaba desmoronando por dentro. La vida no tenía sentido para mí: una madre alcohólica, un padre adúltero, mi propia lucha con sentimientos homosexuales… Era mucho para mi… Fue bautizado en los Testigos de Jehová en 1989. Mi madre falleció de cirrosis al hígado unos meses más tarde. Yo recibí un montón de ayuda por parte de los Testigos de Jehová, lo que me ayudó en este período difícil de mi vida.

Nunca le confesé a nadie mi lucha con la homosexualidad. Sólo le pedía a Dios que quitara esos sentimientos. Pero con el tiempo, sólo se intensificaban. Dado que me estaba costando ocultar mi pecado, y dado que temía que me descubrieran y me expulsaran de la congregación, decidí mudarme a Córdoba cuando tenía 18 años. Una vez allí, empecé la universidad y eventualmente abandoné los Testigos de Jehová.

En 1992, algo pasó que tendría significado eterno para mí. En abril de ese año, conocí a dos matrimonios de Estados Unidos que trabajaban para Cruzada Estudiantil me mostraron el camino a Cristo. Nunca antes había escuchad el concepto de la gracia, lo que me pareció asombroso. En junio de ese año, un grupo de 40 estudiantes norteamericanos vino a Córdoba. Sus vidas tuvieron un increíble impacto en mi vida. Gozaban de una paz que yo no tenía. Me dijeron que se debía a una relación personal con Jesús. Me sorprendió tanto que decidí buscar una relación con Jesús, con la esperanza de encontrar una salida a la homosexualidad. Así que en agosto de 1992, decidí entregarle mi vida a Jesús y me uní al cuerpo de Cristo.

Pero me desanimó el hecho que de mi lucha no cesó. Se debía al hecho de que no le había dicho a nadie al respecto. Sentía tanta vergüenza que no se lo confesé a nadie. Después de dos años y medios de mi conversión, durante los cuales luché con sentimientos homosexuales sin encontrar alivio, abandoné la iglesia y decidir vivir mi vida a mi manera. Este fue un período muy oscuro en mi vida. Me hice adicto a la pornografía homosexual. Perdí toda esperanza de encontrar libertad.

Pero en 1995 sucedió algo que cambiaría para siempre mi vida. Mi vida se había convertido en un incansable espiral de bajada. Día a día, la vida se tornaba más y más gris. Mi adicción a la pornografía se había hecho incontrolable. No sólo esto, sino que también me había hecho adicto a la comida, lo que hizo que llegara pesar 133 kilos, que para alguien que sólo mide 1,75 es una barbaridad. Llegué a fumarme 40 cigarrillos por día. También ese año hasta llegué a tomar cocaína. Mi vida se había convertido en un verdadero caos. Pero el 11 de noviembre de ese año, un amigo me enfrentó con la realidad y me preguntó qué era lo que realmente estaba pasando. Fue por primera vez que me había enfrentado con la devastadora realidad de mi vida. El tomar conciencia de esto produjo un incontrolable y amargo llanto, el que duraría por muchos días. Nunca antes había sentido el dolor que el quebranto y el pecado habían causado.

En ese momento clamé: "Señor, sólo vos podés cambiar y revertir esta situación tan espantosa". Me arrepentí de mis pecados y le pedí perdón. Nunca me voy a olvidar la manera en la que Se manifestó. Sentí su amor y su ternura de una manera que nunca antes la había experimentado. Fue realmente un encuentro que cambiaría mi vida. Empezó paulatinamente a sostenerme y a contenerme en sus brazos de amor. Gradualmente sentí muy profundamente Su compasión, que era tan poderosa que sentía que me penetraba los huesos. Yo por mi parte, empecé a aprender a recibir su "catarata" de amor. Había estado privado de amor por tanto tiempo que quería todo Su amor. Yo no sabía si había una salida a la homosexualidad o no. Sólo sabía que quería desesperadamente el amor de Dios.

Sentí la necesidad de confesarle mi pecado a alguien. Hablé con el pastor de los jóvenes y le conté todo. Él me escuchó y me afirmó. Me sorprendió porque pensé que él me iba a rechazar. Por el contrario, fue muy amoroso y me confortó. Me dijo que conocía de una psicóloga cristiana en Buenos Aires, la que me iba poder ayudar. Dos meses después de hablar con él, viajé a Buenos Aires a ver a esta sicóloga. Me dijo que había una salida de homosexualidad. Él enterarme fue una satisfacción tan grande que es difícil de describir con palabras. Un par de meses antes de mi visita, ella había estado en los Estado Unidos y había comprado el libro Tras la Integridad Sexual y el manual de Agua Viva, ambos escritos por Andy Comiskey. También había adquirido el testimonio de Dennis Jernigan y su música. Dios empezó a usar la ayuda de estos dos hombres que han sido instrumentos fundamentales en mi proceso de sanidad.

Una travesía increíble comenzó. El aprender qué intención tuvo Dios al crearme como ser heterosexual fue algo revelador. Nunca me voy a olvidar cuando aprendí a través de Aguas Vivas que yo tenía necesidades legítimas de amor y afirmación masculinas y que tenía que buscar fuentes saludables para satisfacer esas necesidades.

Una de las cosas que aprendí fue a incorporar a las personas a mi lucha. Me acuerdo pedir en oración: "Señor, mostráme aquellos con los cuales pueda compartir lo que me está pasando y que no me rechacen." Y el Señor comenzó a dirigirme hacia algunas personas del grupo de jóvenes de mi iglesia con las que empecé a compartir mi batalla. No sólo fue una experiencia sanadora para mí sino también para aquellos con los que compartí. Me acuerdo claramente la reacción de las personas que me acercaba y les compartía: "Mauricio, gracias por compartir esto conmigo. Yo también estoy luchando con algo..." Así el que yo compartiera mi lucha le daba la libertad a ellas a que se hicieran vulnerables y compartieran sus luchas, que no siempre eran de naturaleza sexual.

Unas de las cosas que se hizo realidad fue el rendir cuentas. Durante la semana me juntaba con un hermano, con el cual orábamos y nos confesábamos. Se hizo realidad lo que Santiago exhorta en el capítulo 5 versículo 16 de su libro: "confiésense unos a otros sus pecados y oren unos por otros para ser sanados". Sólo se puede experimentar la libertad que se siente cuando uno confiesa sus pecados y siente que ha sido lavado y perdonado.

Esta travesía ocurrió en el contexto de la comunidad cristiana, el Cuerpo de Cristo. No sólo hallé yo sanidad, sino también la persona a la que yo le rendía cuentas. También Dios usó a otros varones en el cuerpo de Cristo para animarme y apoyarme, especialmente en lo que se refiere a mi masculinidad. Dios utilizó a un grupo de varones íntegros para bendecir y afirmar esta área de mi vida, que siempre se caracterizó para la inadecuación e insuficiencia.

¿Cuáles han sido algunos de los efectos de este proceso de sanidad? Ha habido muchos, pero sólo me gustaría nombrara los cuatro más significativos.

Primero que todo, el descubrir y el experimentar el amor del Dios Todo poderoso ha sido algo increíble. Nunca me hubiera podido imaginar que Dios podría ser TAN real para mí. Antes de mi sanidad, Él era sólo un concepto que se me enseñó. Ahora estoy libre de acercarme a mi Padre y expresarle todo mi amor. También, aprendí a recibir Su amor y morar en su presencia. Pienso que ésta es una de las claves de la sanidad de la homosexualidad. Todos aquellos que han sido presas de este quebranto saben el poder que puede tener en las vidas de las personas. La pasión homosexual es como un fuego consumidor que lo consume a uno. Es por eso que se precisa una pasión aún mayor para que pueda consumir ese "fuego" inferior. Esa pasión mayor es la pasión del amor de Dios que es tan intensa que consume no sólo la pasión homosexual, sino que todas las pasiones inferiores.

En segundo lugar, ahora soy libre de amar a otros de una manera íntegra y apropiada. Tengo la libertad de querer a hombres de una manera que no es erótica o romántica, algo que antes era imposible. Ahora me puedo relacionar con los hombres de una manera que nunca antes habría imaginado.

El Señor ha restaurado mi sexualidad de una manera asombrosa. A principios del 2002, me enamoré de una joven mujer. Conocí a Daniela Di Liddo en el grupo de jóvenes mayores de Renacer, la iglesia donde asistimos en Córdoba. Yo le había pedido al Señor en oración que quería llegar a la plenitud de lo que él tenía planeado para mí, y yo creo que esto involucraba mi sexualidad. “No es bueno que el hombre esté solo” dijo el Señor en el comienzo. Yo no quería estar solo porque no me sentía pleno. Dios había restaurado mi sexualidad lo suficiente para trascender las “paredes” de mi soltería y extenderme más allá de mí mismo. ¿Qué hizo el Señor con Adán? Le dio una ayuda idónea. Así que yo le pedía al Señor: “Dame esa ayuda idónea para poder llegar a la plenitud de lo que vos quisiste para mi humanidad”. En su gran fidelidad, Dios me trajo a Daniela. Nunca antes me había sentido atraído hacia una mujer de la manera como me sentí atraído a Daniela. Al principio me llamó la atención el amor a Dios que tenía ella. A medida que nos fuimos conociendo, empecé a sentirme atraído emocionalmente hacia ella. Y con el tiempo, me sentí atraído físicamente a ella.¡Qué sensación nueva! Luego de 18 meses de novios, el 21 de noviembre del 2003 ¡Daniela y yo nos casamos! Junto a ella, me siento más pleno como varón. Nunca antes me había imaginado que iba a poder amar a una mujer tan plenamente; todo gracias a la restauración que Dios ha forjado en mi vida. El sentido de satisfacción y plenitud actual me promueve a proclamar que la heterosexualidad saludable es verdaderamente la intención de Dios para la humanidad.

Finalmente, después de recibir la compasión de Dios, me siento llamado a extender esa compasión a otros que están acorralados por el quebranto homosexual. La libertad que he encontrado es tan impresionante que quiero que otros lleguen a alcanzarla también. Cuando yo busqué ayuda allá por el año 1995, no encontré ningún grupo que me pudiera ayudar. Dios ha puesto en mi corazón el empezar un ministerio de ayuda para los quebrantados sexuales en Córdoba. Es así como comenzó el Ministerio Restauración en Córdoba. Es a través de este ministerio que proclamamos que Dios es fiel de sanar no sólo al homosexual, sino también a aquellos que están afectados por el quebranto sexual y relacional.

Puedo ahora apropiarme de la promesa que Jesús declara en Apocalipsis 22:14 cuando dijo: "Dichosos los que lavan sus ropas para tener derecho al árbol de la vida y poder entrar por las puertas de la ciudad. Pero afuera se quedan los pervertidos, los que practican la brujería, los que comenten inmoralidades sexuales, los asesinos, los que adoran ídolos y los que practican el engaño". Ahora anhelo el día que pueda ver a mi Señor y Redentor cara a cara y vivir en su presencia para siempre.

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